Mi instituto

Impanciente por empezar, por conocer a nueva gente, por hacer nuevos amigos, y por fin, impaciente por estudiar lo que verdaderamente me gusta.
A primera vista parecía que se fuera a derrumbar en cualquier momento, pero por dentro cambia la cosa. Ya sabes, nunca hay que fiarse de las aparencias.
La dinámica me parece muy interesante, yo sólo creía que eso pasaba en Estados Unidos, tenemos taquilla ¡taquillas! y nos vamos moviendo de una clase a otra, no tenemos una clase propia.
Es bastante grande, hay sitios que todavía ni he visto, puertas que no sé ni a dónde van, edificios a los que no he entrado.
Intento atender en clase, pero la mayor parte del tiempo me lo paso imaginando cosas, historias que no pasarán, sitios para relajarme, la playa, el bosque, cosas para evadirme, pero siempre hay que volver a la cruda realidad y atender en la clase de historia.
Los edificios se comunican entre sí por un pequeño patio, la zona verde, contrasta ya que el resto de los edificios tienes colores apagados.
No es un sitio deprimente, cuesta ir los lunes a las ocho de la mañana, pero se pasa rápido. Aunque reconozco que lo mejor es salir los viernes por la tarde y estar dos días sin pisarlo, pero tampoco es tan malo.
Lo malo de verdad es subir y bajar escaleras todo el rato, como he dicho antes, la dinámica me gustaba, la primera semana, llega un punto que te hartas. Para qué hacer gimnasia si puedo subir y bajar escaleras a todas horas.
En ésto se resume, en muchas escaleras, muchas risas y muchas ganas de todo.

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